Ilustración editorial de un bosque invernal entre la niebla

Enero amanece despacio. En la costa asturiana son frecuentes la lluvia, el viento y la humedad; en los valles puede helar, y en la montaña llega la nieve. Hay días claros, sí, pero el invierno no se mide solo por el frío: también por la poca luz y por el paso más lento de la vida cotidiana.

El mes: monte en reposo, vida escondida

En los bosques caducifolios, muchos árboles han perdido las hojas. Se ven mejor las ramas, los cursos de agua y las huellas en el barro. Bajo esa apariencia quieta, la vida continúa: los animales buscan alimento y las plantas esperan el momento de brotar. En las casas, el invierno era tiempo de cuidar el ganado, reparar herramientas y reunirse al calor del hogar.

La voz del bosque: el Busgosu

«Busgosu» es el nombre de un ser de algunas leyendas asturianas, ligado al monte y al bosque. No hay un retrato único: según quien cuente la historia puede cambiar su aspecto y su conducta. Imaginemos una senda entre árboles desnudos; alguien oye un ruido fuera del camino y piensa que el monte tiene sus propios habitantes. Así empieza un cuento, no una explicación científica del bosque.

Escuchar estas historias es también recordar que el monte no está hecho solo para nuestro uso. Se entra con cuidado, se respetan los animales y se deja el lugar como estaba.

Un nombre antiguo, con cautela

Riuros aparece en el calendario de Coligny, una inscripción gala hallada en Francia. Su significado y su equivalencia con enero no son seguros. Lo unimos aquí al invierno como recurso literario, no como prueba de una fiesta astur antigua.

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